
Cuatro paredes me encerraban en una noche lluviosa y fría, de pronto, la puerta se abrió y mis pies se dirigieron al otro lado de la calle, el viento me arrastraba y el estómago me hablaba “Tengo hambre, cómpreme algo, no sea agarrada”. En ese momento apareció un personaje azul con su vehículo de último modelo y me dijo: -que te parece si vamos a comprar pan para hacer pizza-. ¡Guao!, que qué me parece, pues la verdad muy pero muy bien.
En el trajín lo único que se observaba eran las luces de los carros y las casas, las gotas de la lluvia golpeaban sin parar el parabrisas y el carro avanzaba en busca de un descanso para poder cenar el manjar principal “la gasolina” y no las golosinas.
En medio del torrencial aguacero el personaje y yo dábamos vueltas para encontrar el supermercado Palí, porque era el único lugar en donde venden el famoso pan.
Para ………, cuidado es ahí. Dónde, dijo el personajito.
Ahí en ese laberinto, el “super” estaba en el fondo o la sombra oculta de todo Heredia.
Al entrar a Palí lo primero que observé fue a las tres cajeras en su pequeña casita, las frutas y las verduras las cubrían a unos dos metros de altura una lluvia de pancartas como si fuera la feriada de automóviles en venta.
Luego mi personaje y yo continuamos por los cuatro pasillos para encontrar el dichoso pan, en esa búsqueda lo impresionante fue que toda la mercadería se encontraba en cajas de cartón, la ropa estaba acomodada y no en ganchos, era como ver una fila de cuatro estantes con miles de cajas.
Y a pesar de hacer el recorrido y revisar las cajas, no encontrábamos el pan, era chistoso y desesperante a la vez porque las culebrillas de mi estómago brincaban mucho más rápido.
El comportamiento de la gente parecía a un mercado o al de la feria, personas por un lado, niños por otro, gritos, risas y mucha pero mucha bulla. En ese momento me pregunté ¿Qué es Palí, un mercado o una pulpería? La verdad no se pero la aventura fue maravillosa. Ah y se preguntan que pasó con el famosísimo pan, pues no me quedó más remedio que preguntarle a la encargada en donde estaba el mismo.
Lo encontramos, personajito mi estómago y yo vivimos un sábado feliz
En el trajín lo único que se observaba eran las luces de los carros y las casas, las gotas de la lluvia golpeaban sin parar el parabrisas y el carro avanzaba en busca de un descanso para poder cenar el manjar principal “la gasolina” y no las golosinas.
En medio del torrencial aguacero el personaje y yo dábamos vueltas para encontrar el supermercado Palí, porque era el único lugar en donde venden el famoso pan.
Para ………, cuidado es ahí. Dónde, dijo el personajito.
Ahí en ese laberinto, el “super” estaba en el fondo o la sombra oculta de todo Heredia.
Al entrar a Palí lo primero que observé fue a las tres cajeras en su pequeña casita, las frutas y las verduras las cubrían a unos dos metros de altura una lluvia de pancartas como si fuera la feriada de automóviles en venta.
Luego mi personaje y yo continuamos por los cuatro pasillos para encontrar el dichoso pan, en esa búsqueda lo impresionante fue que toda la mercadería se encontraba en cajas de cartón, la ropa estaba acomodada y no en ganchos, era como ver una fila de cuatro estantes con miles de cajas.
Y a pesar de hacer el recorrido y revisar las cajas, no encontrábamos el pan, era chistoso y desesperante a la vez porque las culebrillas de mi estómago brincaban mucho más rápido.
El comportamiento de la gente parecía a un mercado o al de la feria, personas por un lado, niños por otro, gritos, risas y mucha pero mucha bulla. En ese momento me pregunté ¿Qué es Palí, un mercado o una pulpería? La verdad no se pero la aventura fue maravillosa. Ah y se preguntan que pasó con el famosísimo pan, pues no me quedó más remedio que preguntarle a la encargada en donde estaba el mismo.
Lo encontramos, personajito mi estómago y yo vivimos un sábado feliz
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